Los druidas fueron miembros de la clase sacerdotal en la Gran Bretaña, Irlanda, Francia, y posiblemente otras partes de la Europa Céltica y la Galacia durante la Edad de Hierro, e incluso antes. No hay registros escritos por los propios druidas y la única evidencia de la que se dispone son descripciones breves realizadas por los griegos, romanos y varios autores y artistas dispersos, así como también algunas historias creadas posteriormente, en el Medievo, por escritores irlandeses. Se tiene evidencia arqueológica relativa a las prácticas religiosas en la Edad del Hierro, aunque «ningún artefacto o imagen desenterrado se ha podido asociar indudablemente con los antiguos druidas». Varios temas recurrentes sobre los druidas se presentan en un gran número de registros greco-romanos, incluyendo los sacrificios humanos, su creencia en la reencarnación y su alto estatus social en los pueblos galos. Nada se sabe aun sobre sus prácticas de culto, excepto por el ritual del roble y el muérdago.
Su nombre viene del gaélico y significa «roble sabio».
Son conocidos como los «asesores de las manadas», los druidas tienen una relación de hace siglos con los hombres lobo.
Según la leyenda, cuando Lycan decidió jugarle una broma a Zeus, haciéndole comer carne humana en vez de animal, este como castigo decidió convertirlos en lobo.
Lycan y sus hijos, pidieron la ayuda de los druidas, seres que estaban conectados con la magia y que tenían la habilidad de cambiar de forma, para que los volvieran humanos.
A pesar de sus intentos, los druidas no podían volverlos humanos, pero podían hacer que tuvieran la habilidad de transformarse de lobos a humanos y viceversa.
Desde entonces, los druidas y lobos están unidos, y los lobos van en busca de ellos para sus consejos.

